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Hace unos días me di cuenta de que seguía introduciendo mis viajes a mano en el calendario. Usaba la IA para trabajos bastante más complejos, pero aquello seguía haciéndolo como siempre. Le pasé una captura de los billetes y le pedí que añadiera los eventos. Me quitó un trámite que ni siquiera había pensado en revisar (y que ahora coge automáticamente del email).

Con otras actividades quiero hacer algo distinto. Sigo tomando notas a mano durante una conversación porque me ayuda a ordenar lo que estoy pensando. En El plan sabe de triatlón te conté cómo habían cambiado esas notas: mientras el registro de la reunión podía quedar resuelto por otro lado, yo podía estar más presente y apuntar mis propias ideas.

Cuando puedes delegar una tarea, aparece una elección: qué parte te interesa seguir haciendo tú.

Puede interesarte conservar la lectura que te permite formar una opinión, la conversación en la que entiendes qué le pasa a tu equipo o el trabajo de comparar alternativas antes de comprometerte. La IA puede preparar material y ayudarte también a pensar, como te conté al hablar del comité de expertos bajo demanda. Para elegir, puedes comparar qué te aporta hacer esa parte y qué podrías ganar al abordarla de otra manera.

Pongamos que diriges un equipo y la IA te ayuda a preparar el seguimiento semanal de los proyectos. Recuperas parte del tiempo que dedicabas a reunir información y decides utilizarlo para entender una discrepancia con uno de los responsables. Esa conversación puede llevarte a pedir otra información o a revisar una prioridad.

Si llevas ese aprendizaje al equipo, también podéis cambiar para qué os reunís. Quizá el seguimiento llegue preparado antes y reservéis la reunión para las decisiones pendientes. Para hacerlo tendréis que acordar qué debe contener ese material, qué necesita revisión y qué asuntos necesitáis hablar juntos.

También hay una diferencia entre las personas del equipo. Lo que tú puedes delegar porque ya sabes juzgarlo quizá sea precisamente lo que otra persona necesita practicar para aprender. Esa elección cambia también cómo vais formando criterio.

Por eso me interesa llevar al desayuno esta pregunta:

¿La IA está cambiando la empresa o solo a quienes la usan?

Una mejora personal ya aporta valor a la empresa. La pregunta nos permite mirar hasta dónde llega: qué cambia en tus prioridades y qué empieza a cambiar también en las decisiones y las formas de trabajar que compartís. Escuchar qué han elegido conservar otros directivos, y por qué, puede darte una referencia para revisar tu propia elección.

El miércoles 21 de octubre, de 9:00 a 11:00, en Madrid, reuniremos a ocho directivos en el desayuno de entaina, con Agustín Cuenca moderando.

Cada participante tendrá cinco minutos para compartir un caso, una duda o una prueba en marcha. Puede ser una decisión sobre qué delegar, un cambio que quieras llevar al equipo o una práctica que hayas decidido conservar. Queremos contrastar qué estás haciendo y los motivos que tienes para hacerlo.

Conversaremos sin cámaras ni grabación y acordaremos al empezar que lo que se cuente se quede en la sala. Participar es gratuito. Elegimos a los participantes para combinar experiencias útiles y evitar competidores directos; solicitar admisión no reserva plaza.

Esta es mi última invitación antes del encuentro. Si tienes una decisión o una duda así entre manos, solicita tu admisión al desayuno y cuéntanos qué llevarías a la mesa.

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