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Volví de un mes fuera y me puse al día en una mañana
Este mes me he casado.
Este mes me he casado. Entre la boda y la luna de miel he pasado casi cuatro semanas fuera del día a día, que es de largo mi récord desde que trabajo. Me fui con todo atado, listas hechas y un compañero cubriéndome. Aun así, a la vuelta le tenía respeto.
Porque la vuelta de vacaciones tiene un guion que te sabes: cientos de correos y mensajes sin leer, y tú haciendo arqueología en orden cronológico, reconstruyendo quién dijo qué y en qué quedó aquello. Dos o tres días fáciles. Y los correos son la parte cómoda. La difícil es lo que se decidió sin ti: las reuniones en las que no estuviste, los proyectos que giraron, lo que ahora se da por hecho y casi nadie va a parar a contarte.
Este lunes hice otra cosa. Antes de tocar la bandeja de entrada, le pedí a mi asistente (Alfred, del que te hablé este mes), que me contara qué había pasado. Y no le pedí "resúmeme los correos". Le pedí que barriera los sitios donde de verdad vive el trabajo de mi equipo: el gestor de proyectos, las transcripciones de las reuniones del mes y el CRM. A media mañana tenía la foto entera.
Y la foto no era una lista de hilos pendientes: mi empresa había decidido cosas sin mí. Una decisión resolvía un tema que yo dejé atascado en junio. Una estrategia que dábamos por fija había girado, y una pieza que monté justo antes de irme ya no encajaba con el plan nuevo. El CEO había dejado dos conversaciones aparcadas "hasta que vuelva Juan Pablo". Y un compañero había dicho en una reunión que tenía un bloqueo para el que me necesitaba. Este último dato es mi favorito: no estaba en ningún correo dirigido a mí. Estaba en la transcripción de una reunión en la que yo no estuve, y sin el barrido probablemente me hubiera enterado tarde.
Oye, ¿y esto qué tiene de especial? Pedirle a una IA que resuma correos lo hace cualquiera, y el resultado suele ser un resumen de todo, que sirve de poco. La diferencia estuvo en que la máquina sabía qué dejé a medias. Conocía mis proyectos, mis pendientes, qué decisiones estaban abiertas cuando me fui y quién es quién en mi equipo. Por eso me devolvió algo mejor que "ha pasado esto": me devolvió "esto cambió respecto a lo que tú dejaste, esto te desbloquea, esto te toca decidirlo a ti". Ese contraste solo puede hacerlo alguien que sabe lo que dejaste — la ingeniería de contexto de la que te hablé hace dos semanas, funcionando.
Te tengo que ser honesto con dos cosas.
La primera: no decidió nada por mí. Las decisiones me esperaban igual, y alguna era incómoda. Lo que me dio fue el orden: qué preguntar el lunes mismo, qué podía esperar al jueves y qué era ruido.
La segunda: esto no se monta el viernes antes de irte. El barrido funcionó porque llevaba meses dándole contexto a esa máquina, y esa parte, como ya te conté, cuesta. Si alguien te promete lo mismo sin ese trabajo previo, desconfía.
Esta escena es la versión concentrada de algo que quizás te pasa constantemente (espero que si es una luna de miel, solo sea una): cada semana de viaje, cada congreso, cada comité que te pierdes. Volver a enterarte tiene un coste fijo que pagas tantas veces que ya ni lo cuentas como coste. Y agosto está aquí: dentro de dos o tres semanas te vas tú, y la vuelta de septiembre te la sabes de memoria.
Si al leer esto has pensado en tu propia vuelta, respóndeme a este correo (o escríbeme a [email protected]) y te cuento cómo lo montaría en tu caso. Sin compromiso: es la conversación que más me gusta tener.