Este fin de semana he cambiado de sitio a Alfred, mi asistente de IA. Hasta ahora vivía en mi portátil. Ahora funciona en un equipo que permanece encendido y puedo acceder a él desde el móvil. Mis rutinas de preparación de la mañana y cierre del día pueden ejecutarse aunque haya cerrado el Mac.
Es un paso más en cómo estoy organizando mi trabajo con IA. Y, contado así, puede parecer que ahora toca tener un servidor y poner a trabajar a un asistente durante la noche.
Si además te cruzas con un tuit de alguien que dice haber desplegado mil agentes, es fácil sentir que te estás quedando atrás. Tú todavía estás aprendiendo a conseguir buenos resultados en una conversación y otro parece tener una plantilla entera trabajando para él.
Para comparar esas experiencias necesitamos entender qué está haciendo cada sistema.
Cuando hablamos de un agente nos referimos a un sistema que utiliza un modelo de IA y herramientas para avanzar hacia un objetivo. Tiene cierto margen para elegir los pasos y ajustar lo que hace según los resultados que obtiene.
Supongamos que quieres preparar la reunión semanal de tu equipo. Con acceso a las fuentes correspondientes, el agente puede consultar los acuerdos anteriores, buscar el estado de los proyectos y preparar una agenda. Si encuentra un informe desactualizado, puede buscar otro más reciente o preguntarte antes de continuar.
Le has dado un encargo y puede resolver varios pasos sin que tengas que indicarle cada movimiento. Hasta dónde le dejas avanzar es otra decisión.
Podrías pedirle que te entregue una propuesta de agenda para revisarla tú. También podría dejar preparado el correo a los participantes y esperar tu aprobación antes de enviarlo. O podrías autorizar el envío a un grupo concreto cuando estén disponibles todos los informes, con la instrucción de detenerse y consultarte si falta alguno.
Puedes reservarte unas decisiones y delegar otras dentro del mismo encargo. Darle libertad para buscar información es compatible con revisar cada mensaje que vaya a salir de tu cuenta.
Ese margen de actuación es distinto de cuándo se pone a trabajar.
El encargo puede arrancar cuando se lo pidas o mediante una programación. En cualquiera de los dos casos puedes exigir que te entregue un borrador y espere. Activarlo cada mañana cambia el momento de inicio; el permiso para enviar ese borrador sigue siendo una decisión aparte.
Eso es parte de lo que he cambiado con Alfred. Tenerlo en un equipo siempre encendido amplía los momentos en los que puedo utilizarlo. Las tareas que le encargo y los puntos en los que debe consultarme se deciden por separado.
Después está el número de agentes.
En el caso de McKinsey hablamos de miles de agentes creados por empleados. Aquella cifra tenía interés por lo que mostraba sobre la capacidad de las personas para construir sus propias soluciones. Para valorar su utilidad también necesitábamos mirar cuáles se usaban y cómo se mantenían.
Con el anuncio de los mil agentes ocurre algo parecido. Podría referirse a mil configuraciones para tareas distintas o a muchas ejecuciones de un mismo sistema. Tampoco sabemos, solo con el número, cuánto pueden decidir por su cuenta.
Repartir un trabajo entre muchos puede ser útil cuando hay partes que se pueden resolver en paralelo. Para compararlo con tu trabajo necesitas conocer el resultado que consiguen, su calidad y el esfuerzo que sigue poniendo la persona que los dirige.
Hay avances que merece la pena conocer y probar. Mi montaje con Alfred responde a unas rutinas que ya utilizaba y quería mantener sin depender del portátil. Tu siguiente paso puede ser otro: dejar que el asistente reúna la información para una reunión o darle un encargo de varios pasos y revisar el resultado al terminar.
Puedes avanzar decidiendo mejor qué delegas en una tarea que ya haces cada semana.
Elige una y concreta qué resultado esperas. Después decide qué información podrá consultar el asistente, qué acciones podrá ejecutar y en qué momento quieres intervenir. Al probarlo verás qué parte funciona y qué necesitas ajustar antes de darle más margen.
En los entrenamientos de IA de entaina trabajamos contigo sobre decisiones así. Probamos con tus tareas, vemos qué contexto necesita el asistente y aprendemos a comprobar sus resultados para decidir hasta dónde tiene sentido delegar.
Si quieres revisar por dónde empezar en tu caso, reserva una llamada de orientación de 25 minutos. Nos cuentas cómo trabajas hoy y qué te gustaría poder encargarle a tu asistente.


