En entaina usamos la expresión «quién se queda el mono» para hablar de quién se hace cargo de que un asunto avance. Una tarea apuntada en una herramienta puede seguir sin un compromiso aceptado. Nos interesa que alguien pueda decir «de esto me encargo yo» y que los demás sepan qué pueden esperar.
Con la IA aparece una tentación nueva: asignarle el asunto como si fuera otra persona del equipo.
«De esto se encargará la IA».
Puede ser una buena decisión. Quizá el sistema ya pueda reunir la información, preparar un documento y enviarlo. Automatizar esos pasos puede quitarte bastante trabajo. Falta concretar quién responde de que el resultado llegue a tiempo y cumpla lo acordado.
Si me comprometo a entregar una propuesta el viernes, puedo apoyarme en mi asistente para prepararla. Incluso podría automatizar parte del envío. El cliente sigue contando conmigo aunque haya cambiado mi manera de trabajar.
Si algo falla, me corresponde enterarme, actuar y acordar con él cómo seguimos. El compromiso que acepté incluye esa parte.
La ejecución puede estar automatizada. La responsabilidad sobre el resultado necesita seguir teniendo una persona que la asuma.
Hablar con un asistente facilita que lo tratemos como a un compañero. Le ponemos un nombre, le damos un rol y nos contesta «me encargo». Esa respuesta puede producir la sensación de que hemos delegado también el compromiso. En el equipo sigue haciendo falta acordar quién se asegura de que aquello ocurra.
La OCDE sitúa la rendición de cuentas en las personas y organizaciones que desarrollan o utilizan los sistemas de IA, según su papel. En una reunión de trabajo podemos aterrizarlo preguntando quién responde por el resultado cuando la tarea pasa a estar automatizada.
Y responder por algo admite distintas formas de trabajar. Puedes apoyarte en avisos de fallo, comprobaciones automáticas o revisiones periódicas. Habrá trabajos que necesiten aprobación antes de salir y otros que puedan funcionar con más autonomía.
Esa es parte de la decisión que tomas al delegar: qué necesitas saber para confiar en el proceso y en qué situaciones quieres intervenir.
También importa que la persona que asume el compromiso tenga medios para sostenerlo. Necesita acceso a la información, capacidad para corregir el proceso y tiempo para atender las incidencias. Poner su nombre junto a una tarea sirve de poco si después no puede saber qué ha ocurrido.
Cuando introducimos IA en el equipo, merece la pena revisar estos acuerdos antes de dar por resuelto el reparto del trabajo. Qué resultado esperamos, quién ha aceptado responder por él y cómo podrá comprobar que se cumple.
El mono puede cambiar de manos. Conviene que todos sepamos en cuáles ha quedado.
En los entrenamientos de IA para directivos trabajamos sobre tus tareas reales. Parte de ese trabajo consiste en aprender qué puedes delegar al asistente y cómo organizarte para seguir respondiendo por los compromisos que aceptas.
Si estás incorporando IA a tu forma de trabajar y quieres revisar cómo hacer ese reparto, reserva una llamada de orientación de 25 minutos. Nos cuentas qué estás delegando y vemos por dónde tiene sentido empezar.


