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TL;DR (3 líneas): Deloitte UK ha preguntado a 25.000 trabajadores británicos y el 63 % usa IA generativa en el trabajo; de esos, el 31 % sin que su empresa lo sepa y el 17 % pagándola con su dinero. La lectura del riesgo dirá que hay que cerrar el grifo. Nosotros creemos, y Deloitte también, que lo que falta es dirección arriba, porque el 65 % de quienes la usan echa en falta un criterio convincente y cerca de la mitad no ha recibido formación formal.

Deloitte UK publicó el 16 de septiembre su primera GenAI Workforce Survey, sobre 25.000 trabajadores británicos. El 63 % dice usar IA generativa en su trabajo, y de esos el 31 % lo hace sin conocimiento de su empresa. Son datos británicos y aquí se quedan.

Hay un segundo dato que explica el primero. El 17 % de quienes la usan, uno de cada seis, paga de su bolsillo al menos una herramienta de trabajo. Deloitte estima ese gasto en 958 millones de libras al año, y es estimación de la consultora, no cifra medida. Nadie ahí está esperando a que le aprueben nada.

La lectura que va a circular esta semana es la del riesgo, y no es tonta. En el Cost of a Data Breach de IBM y Ponemon, del 29 de julio, los incidentes con IA en la sombra más que se duplicaron en un año, hasta el 43 %, y más de dos tercios de las empresas que sufrieron una brecha reconocen no tener ningún proceso de gobierno para limitarla. Para el informe, lo que falta es gobernanza. De ahí sale la receta que se va a oír en muchos comités este otoño, una lista de herramientas aprobadas, una circular y el grifo cerrado.

Estamos de acuerdo en el diagnóstico. Una plantilla comprando licencias por su cuenta es una arquitectura que nadie ha diseñado, y el riesgo de datos es real.

No estamos de acuerdo en la receta, y aquí tenemos de nuestro lado a la propia Deloitte. Su responsable de análisis sectorial, Paul Lee, dice que la historia no es que los trabajadores usen IA generativa, sino que la usan "a pesar de la poca formación, de una orientación irregular y, en algunos casos, sin que su empresa lo sepa". Prohibir no está en esa frase. La causa está en los otros dos datos de la encuesta. El 65 % de quienes la usan echa en falta una dirección convincente sobre cómo debería usarse, y cerca de la mitad no ha recibido ninguna formación formal. Una herramienta aprobada y una política de una página no cambian nada si quien la firma no entiende lo suficiente para sostenerla.

En las empresas con las que trabajamos vemos casi siempre la misma secuencia. Alguien de arriba pide una política, se delega en sistemas o en asesoría jurídica y sale una lista de prohibiciones. El documento circula, nadie decide nada con él y el uso sigue igual, solo que ahora es desobediencia. Tres meses después alguien concluye en un comité que la gente se resiste al cambio.

Y ahí nos separamos otra vez. Casi una cuarta parte de los trabajadores percibe estigma por usar IA en el trabajo, y el 64 % de los usuarios semanales teme que su jefe piense que la IA puede hacer su trabajo. McKelvey lo dice sin rodeos, quien siente ese estigma tiende a ocultar que la usa. No es gente frenando, es gente escondiéndose de una narrativa de sustitución que la empresa ha dejado correr. Llamar resistencia a una plantilla que se adelanta y encima paga de su bolsillo es cómodo para quien tenía que decidir y no ha decidido.

El ahorro merece lupa. La media declarada en el Reino Unido son 70 minutos a la semana, y Deloitte añade que la mayor parte se reinvierte en más trabajo para el mismo empleador. En junio, BCG publicó su AI at Work con 11.749 trabajadores de 14 mercados, y ahí el 42 % de los usuarios habituales de primera línea declara ahorrar una jornada completa o más a la semana, pero el 66 % recibe poca o ninguna indicación de qué hacer con ese tiempo. Ojo, los 70 minutos son la población entera y el 42 % el subgrupo que mejor lo hace. El mismo estudio pone número a lo que llevamos tiempo diciendo. Una estrategia clara sube el impacto medible en el negocio 25 puntos porcentuales. Mejores herramientas, sin esa estrategia, lo suben unos 5. Cinco a uno a favor de decidir antes de comprar.

Por eso llevamos tiempo diciendo que la formación en IA se empieza lo más arriba posible. La escalera se barre de arriba a abajo y se rompe en el medio. Mientras arriba no haya una posición que se pueda citar, la política de IA de tu empresa la seguirán escribiendo uno a uno los que la usan sin contárselo a nadie.

Esta semana, antes de cerrar el correo, escribe en una frase qué ha dicho tu empresa por escrito sobre cómo se usa la IA. Cuenta solo lo escrito. Si no te sale nada, acabas de medir tu propio 65 %. Y si esa frase te toca escribirla a ti, eso es lo que trabajamos en Liderando con IA. Es presencial, tres sesiones de cuatro horas, para directivos y empresarios, y va de fundamentos y no de herramientas. Grupos de 8 a 16 plazas, próxima edición en octubre en Madrid Centro, los días 8, 13 y 15.

Si haces el ejercicio, contesta a este correo y cuéntanos qué te salió.

Referencias

  • Deloitte UK, GenAI Workforce Survey, nota de prensa del 16 de septiembre de 2026. 25.000 trabajadores británicos de 18 a 70 años, campo de Ipsos UK del 7 de mayo al 10 de junio de 2026.

  • BCG, AI at Work 2026 (cuarta edición), nota de prensa del 3 de junio de 2026. 11.749 trabajadores en 14 mercados.

  • Contrapunto. IBM y Ponemon Institute, Cost of a Data Breach Report 2026, publicado el 29 de julio de 2026 sobre 602 organizaciones con brecha entre marzo de 2025 y febrero de 2026, en 16 países y 17 sectores. La IA en la sombra apareció en el 43 % de los incidentes, más del doble que el año anterior, y el coste medio global de una brecha subió a 4,99 millones de dólares. Si el riesgo se mide así, la vía del control pesa más de lo que le concedemos aquí. Cobertura de Cybersecurity Dive del 29 de julio.

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