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Llevo buena parte de agosto preparando un desayuno para directivos y he acabado mirando los verbos. Casi todo lo que se cuenta en público sobre inteligencia artificial está escrito en pasado.

«Implantamos», «aprendimos», «conseguimos». Para cuando un caso llega al escenario, el piloto ha terminado, las cifras están medidas y alguien ha quitado los tropiezos del relato. Esa historia sirve para entender qué ocurrió. Ayuda bastante menos a quien tiene que decidir el lunes qué hacer con algo que todavía no sabe si funciona.

Las decisiones difíciles viven en presente: estamos probando, esto funciona a medias, aquí nos hemos atascado. Ahí aparecen las preguntas que nunca caben en la diapositiva final. La licencia que se paga y no usa nadie. El piloto que prometía mucho y uno no sabe si enterrar. La aplicación que funciona porque la sostiene una persona con intuición y buena memoria.

El problema está en el escenario. Un escenario recompensa las respuestas cerradas; una mesa pequeña admite todavía una pregunta.

Por eso hemos montado el desayuno de entaina. Ocho directivos, dos horas, una mañana en Madrid. Sin cámaras, sin grabación y sin que salga nada de la sala. Agustín Cuenca, CEO de entaina, modera la conversación y hay una regla para todos: si vienes, cuentas.

Cada persona trae cinco minutos de algo suyo, todavía en presente. Puede ser un problema sin resolver, algo que ha montado y quiere contrastar, o una pregunta que no sabe a quién hacerle. No hace falta que sea brillante. Hace falta que sea verdad.

Nosotros también vamos así. En IA, parte de lo que defendíamos en enero puede estar viejo en junio, y alguna cosa que hoy descartamos la defendimos hace tres meses. Montamos esta mesa para acortar ese ciclo junto a gente que también está haciendo la prueba dentro de su empresa.

La parte honesta es que un desayuno así puede salir mal. Si llegan ocho presentaciones limpias, ocho personas con ganas de vender o ocho problemas tan vagos que no comprometen a nadie, habremos organizado un congreso pequeño con cruasanes.

Por eso no se reserva plaza. Estamos componiendo la mesa y leeremos cada solicitud; tampoco sentaremos juntos a competidores directos. El desayuno no cuesta dinero. La casa pone el sitio y el desayuno; la silla se paga contando lo tuyo.

La convocatoria está abierta hasta el 21 de septiembre. Si tienes algo con la IA a medias y te vendría bien contrastarlo con gente que carga con decisiones parecidas, puedes solicitar tu admisión aquí.

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